En todo grupo existen individuos que pretenden conseguir y mantener el control a través de las palabras.
Desde los doctores hasta los funcionarios, siempre es así.
Quienes son controlados tienen que ser condicionados a confundir las palabras con lo tangible.
Dentro de ésta estructura, algunas palabras/conceptos se mantienen al margen de la comprensión general, conceptos que defienden los límites y sostienen esta estructura, escondiéndola detrás de palabras que pasan a formar un lenguaje local y cuyo uso denota cierta forma de poder.
Por eso siempre debemos estar atentos a la formación de nuevos sublenguajes.
Le dio un Pato en la Cara
sábado, 2 de agosto de 2014
Sublenguajes
viernes, 1 de agosto de 2014
Diálogo: Dios y Su hijo
“Morirán miles, Cientos de miles, Morirán cientos de miles de hombres y mujeres, la tierra se llenará de gritos de dolor, de aullidos y de estertores de agonía, el humo de los quemados cubrirá el sol, su grasa rechinará sobre las brasas, el hedor repugnará y todo esto será por mi culpa, No por tu culpa, por tu causa, Padre, aparta de mí ese cáliz, El que tú lo bebas es condición de mi poder y de tu gloria, No quiero esa gloria, Pero yo quiero ese poder”.
—José Saramago, "El Evangelio según Jesucristo".
jueves, 31 de julio de 2014
Advertencia por Lluvias
"El Instituto Uruguayo de Meteorología emitió una advertencia amarilla para el día jueves por precipitaciones abundantes. Se prevé que afectará primero la zona norte y luego el sur y este del país."
Aparentemente, deberíamos estar preocupados por cómo está el clima "afuera", cuando realmente pienso que el "clima" externo se hace insoportable cuando ya no encontramos la paz en nuestro "adentro".
Aparentemente, también, y esto no lo digo a modo de reflexión personal aunque me calza como anillo al dedo, no debemos tomarnos personalmente ninguna clase de injuria, agravio, o herida. La persona que intenta hacernos ese daño sabe en lo más hondo de su ser qué hace y cuáles son sus motivaciones. Al no tomárnoslo personalmente, no nos hacemos cargo del daño que se nos trata de hacer, y el único que lo acaba sufriendo es quien lo trata de infligir.
Por eso, mi reflexión del día de hoy es que hay que pensar más en uno mismo, estar más consciente de lo que uno hace o deja de hacer, y de por qué. Sin embargo, hacerlo todo "desde la cabeza" puede resultar agotador. Primero hay que sentir el impacto de la realidad, luego ver qué podemos hacer con lo que somos, con lo que queremos ser, y con cómo podemos alcanzar nuestras metas.
Es simple decirlo, pero extremadamente difícil ponerlo en práctica. La mejor manera de empezar a hacer algo es cómo mejor se pueda, porque de otra manera, siempre queda ese tirano que es el "debería"...
Saludos.
Aparentemente, deberíamos estar preocupados por cómo está el clima "afuera", cuando realmente pienso que el "clima" externo se hace insoportable cuando ya no encontramos la paz en nuestro "adentro".
Aparentemente, también, y esto no lo digo a modo de reflexión personal aunque me calza como anillo al dedo, no debemos tomarnos personalmente ninguna clase de injuria, agravio, o herida. La persona que intenta hacernos ese daño sabe en lo más hondo de su ser qué hace y cuáles son sus motivaciones. Al no tomárnoslo personalmente, no nos hacemos cargo del daño que se nos trata de hacer, y el único que lo acaba sufriendo es quien lo trata de infligir.
Por eso, mi reflexión del día de hoy es que hay que pensar más en uno mismo, estar más consciente de lo que uno hace o deja de hacer, y de por qué. Sin embargo, hacerlo todo "desde la cabeza" puede resultar agotador. Primero hay que sentir el impacto de la realidad, luego ver qué podemos hacer con lo que somos, con lo que queremos ser, y con cómo podemos alcanzar nuestras metas.
Es simple decirlo, pero extremadamente difícil ponerlo en práctica. La mejor manera de empezar a hacer algo es cómo mejor se pueda, porque de otra manera, siempre queda ese tirano que es el "debería"...
Saludos.
miércoles, 30 de julio de 2014
Entre Amigos
Considera tan sólo una vez en ti mismo cuán diversos son los sentimientos, cuán varias las opiniones, aún entre tus amistades más íntimas; incluso cuántas opiniones semejantes tienen en la mente de tus amigos una orientación o una fuerza muy otra a la tuya; cuántas miles de veces se presenta la ocasión de entenderse mal, de separarse recíprocamente enemistados. Después de todo esto, te dirás: “¡Qué poco seguro es el terreno sobre el que reposan todas nuestras relaciones y amistades, qué cerca están los fríos chaparrones y el mal tiempo, qué aislado está todo hombre!” Cuando alguien se da cuenta de esto y, además, de que todas las opiniones, tanto su fuerza como su especie, son entre los contemporáneos tan necesarias e irremplazables como sus acciones, se adquiere penetración para ver esta necesidad íntima de las opiniones surgir de la intrincada red que forman el carácter, la ocupación, el talento y el medio ambiente; tal vez pierda pronto la amargura y la aspereza de sentimiento con que aquel sabio escribía: “¡Amigos, no hay amigos!”[1] Se hará más bien esta confesión: “Sí, hay amigos, pero es el error, la ilusión lo que les lleva a ti; y les fue preciso aprender a callarse, para quedar amigos; pues casi siempre tales relaciones humanas se basan en que jamás se dirán ciertas cosas, incluso en que no se rozarán nunca; sin embargo, estas piedras se echan a rodar, la amistad las sigue detrás y se rompe. ¿Habrá hombres incapaces de sentirse mortalmente heridos, si supiesen lo que sus amigos más fieles piensan de ellos en el fondo? Cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos, a considerar nuestro ser mismo como una esfera móvil de opiniones y de tendencias, y, por tanto, a menospreciarlo un poco, nos ponemos a nuestra vez en la balanza con los demás. Es cierto que tenemos buenas razones para estimar poco a cada uno de los que conocemos, aunque fuesen los más grandes; pero también las tenemos para volver este sentimiento contra nosotros mismos. Así, pues, soportemos unos de otros lo que soportamos de nosotros mismos; tal vez a cada uno le llegará un día la hora más feliz en que exclame:
“¡Amigos, no hay amigos!”- exclamó el sabio al morir.
“¡Enemigos, no hay enemigos!”- exclamo yo, el necio viviente.
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